El pánico de 1893: una visión austriaca
Desde la perspectiva austriaca, la crisis de 1893 ofrece lecciones clave, pero esta crisis tan trascendental no ha recibido toda la atención directa que merece.
Desde la perspectiva austriaca, la crisis de 1893 ofrece lecciones clave, pero esta crisis tan trascendental no ha recibido toda la atención directa que merece.
A medida que el gobierno sigue tomando medidas imprudentes, desde la inflación hasta el inicio de guerras, la gente desarrolla horizontes temporales más cortos, lo que crea vacíos sociales. El aumento de los juegos de azar y otros comportamientos irresponsables llenan entonces ese vacío.
El gobierno laborista británico sigue aplicando políticas ruinosas de inflación y gasto descontrolado, todo ello en nombre del fomento del crecimiento económico. En lugar de ello, lo que conseguirán es una estanflación, y luego culparán de todo el problema al capitalismo.
Los Continentales y otros billetes solo conservaron temporalmente cierto valor debido, en gran medida, a la promesa inicial de canjearlos en el futuro por oro y plata —lo que constituía una «estafa monetaria».
Las burbujas financieras, que antes eran poco frecuentes, se han convertido en algo habitual gracias a un cuarto de siglo de políticas monetarias laxas por parte del Sistema de la Reserva Federal. Necesitamos comprender mejor cómo se forman las burbujas y por qué son tan perjudiciales.
La sociedad occidental moderna se basa en el Estado benefactor, pero es precisamente ese Estado benefactor el que está socavando el tejido social. Es hora de reconocer el daño que está causando el estado de bienestar y ponerle fin.
En lugar de la competencia en el mercado, la inflación obliga a jóvenes y mayores a competir entre sí por una vivienda.
La denominada economía en forma de K, —en la que algunos experimentan un crecimiento positivo y otros un crecimiento negativo— la cual se explica perfectamente mediante la teoría austriaca del ciclo económico y el efecto Cantillon.
En materia económica, Trump se otorga a sí mismo una calificación de «A++++», lo que recuerda a Hoover y otros políticos que interpretaron sus fracasos económicos como éxitos.
Aunque aún no hay un veredicto definitivo sobre las «reformas» económicas de Javier Milei en Argentina, hay que recordar que la intervención económica en ese país está profundamente arraigada en la vida política y económica.