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Karl Marx no era un economista

A pesar de la enorme proeza intelectual que representa El capital de Marx, la contribución marxiana a la economía puede resumirse fácilmente como prácticamente nula. La economía profesional tal y como existe hoy en día no refleja ningún indicio de que Karl Marx existiera jamás.

—Thomas Sowell

Si los socialistas entendieran de economía no serían socialistas.

—F.A. Hayek

Karl Marx es un nombre muy popular en las ciencias sociales. Como estudioso del siglo XIX, sigue formando parte de los debates políticos actuales. Nació en Alemania y más tarde se trasladó a Londres, donde vivió con su familia en el exilio. Marx fue sociólogo y filósofo, pero algunos lo consideran también economista. Este artículo es una refutación de tales pensamientos.

La economía se ocupa simplemente del problema de la asignación de recursos. Como los recursos son escasos, hay que asignarlos eficazmente a las personas de la sociedad que se dedican a esas actividades. La economía es la ciencia que trata el problema de la asignación de recursos en la sociedad, lo que la convierte en una ciencia social. Nadie tiene la capacidad de asignar estos recursos; por lo tanto, lo mejor es que lo haga el mecanismo del mercado, la llamada mano invisible.

La mayoría de los economistas creen que el mecanismo de mercado asigna los recursos, y los trabajos de Ludwig von Mises y F.A. Hayek sobre el problema del cálculo y el conocimiento desempeñan un gran papel en la comprensión de ese punto. Pero Marx estrictamente no creía en el mecanismo de mercado. Su mayor problema era con el capital, pero desde la época de Adam Smith o incluso antes, los términos fundamentales de la economía incluyen capital, ahorro, inversión, precios, dinero, oferta, demanda, consumidor, emprendimiento, lucro, etc., que Marx criticaba o ignoraba.

Mientras que las ideas de Marx se habrían discutido en economía en una época anterior, hoy no se encuentran por ninguna parte. Una economía necesita beneficios y capital, ya que estos factores establecen la soberanía del consumidor y aumentan la productividad. Marx veía el beneficio como una tasa de explotación. Según Marx y sus seguidores, el trabajo de los obreros y el beneficio se los lleva sobre todo el capitalista por el mero hecho de ser el propietario del capital.

Marx ignoró claramente el riesgo que implica un mercado competitivo, ya que la acumulación de capital es incierta y no todas las inversiones se convierten en capital. Para ser inversor en un mercado competitivo es necesario asumir riesgos y tener habilidad.

Marx también afirma que el aumento de los avances tecnológicos sustituye a los trabajadores y aumenta la tasa de beneficios de los capitalistas. Esta creencia se originó cuando se introdujeron los ordenadores en la India, lo que provocó protestas masivas de los comunistas, que destruyeron los ordenadores. Hoy en día, el sector servicios es uno de los principales contribuyentes a la economía india, y el sector de las TI está en auge y crea más oportunidades de empleo. El sector informático contribuye al sector servicios tanto directa como indirectamente. El ordenador que antes quitaba puestos de trabajo es ahora una gran esperanza de empleo en la India. No sólo proporciona puestos de trabajo, sino también empleos mejores y más cualificados que los que había antes.

El avance tecnológico también aumenta la productividad. Cuando aumenta la producción, aumenta el empleo, y no al revés. Marx utilizó un modelo estático, y en tales modelos, uno puede fácilmente formar ecuaciones o hacer predicciones. Pero en realidad, las personas no son estáticas. Marx ignoró la esencia de la iniciativa empresarial y de los consumidores en el mercado. Su atención se centraba únicamente en los trabajadores y la malvada burguesía, y no se daba cuenta de cómo la elección del consumidor dirige los procesos del mercado.

Lo que una persona merece ganar no lo puede decidir nadie, y menos un político o un intelectual. Se supone que un propietario de capital no trabaja, pero sus decisiones necesitan un conocimiento local de tiempo y lugar que no puede formarse fácilmente. Marx sólo vio una cara de la moneda, ignorando el hecho de que el propietario del capital también tiene la posibilidad de sufrir pérdidas.

Pero la queja de Marx es sólo contra el beneficio. Si un propietario tiene pérdidas, entonces el trabajador seguiría recibiendo su salario y también puede cambiar de lugar de trabajo. El beneficio es incierto, pero los sueldos y salarios son seguros; por lo tanto, para el propietario hay más riesgo y más ganancia. De ahí que haya que respetar la subjetividad de estas cuestiones. Los beneficios no llegan fácilmente y, cuando lo hacen, una parte se invierte, lo que abre más oportunidades de empleo.

Es cierto que en el amiguismo hay injusticia. A pesar de ser un sistema capitalista, se pierde la esencia de la competencia y la soberanía del consumidor. Los marxistas se oponen a ello, pero a diferencia de los partidarios del libre mercado, prefieren una mayor regulación del mercado. Su planteamiento es poco realista, lo que ya han demostrado economistas como Mises y Hayek.

El argumento contra el socialismo ha pasado de ser un problema de incentivos a ser un problema de cálculo y conocimiento, así como un problema de interés propio. No es sorprendente que los socialistas aún no hayan sido capaces de hacer frente a estos argumentos y más bien intenten escapar de ellos en nombre de la «moralidad».

Además, los socialistas no han desarrollado sus argumentos más allá del rasgo estético del socialismo, lo que, desgraciadamente, engaña a los profanos para que no miren el gran agujero oscuro que hay dentro de la ideología. Es triste que con más fracasos del socialismo en la historia, haya cada vez más seguidores de una figura como Marx. Las teorías de Marx pueden formar parte de los debates en ciencias políticas o sociología, pero sus aportaciones a la economía son casi nulas.

La economía trata de cómo son las cosas, no de cómo deberían ser. Karl Marx era un pensador, por lo que se le respeta, y el hecho de que fuera capaz de articular sus pensamientos es digno de elogio. Sin embargo, sus conclusiones no eran ciertas, y llevarlas a la práctica trajo miseria y muerte. Que nadie les engañe: Karl Marx no puede ser considerado un economista ni en esta ni en ninguna otra época.

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